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martes, 25 de abril de 2017

Arroyo Hondo: El lance que salvó a Gómez y a Martí de una captura o la muerte seguras



Se ha dicho -con bastante razón- que, tras el 24 de Febrero, las partidas rebeldes estuvieron bajo la pertinaz persecución de las fuerzas españolas, u ocultas, a la espera de la llegada de los grandes jefes veteranos que debían unificarlas y comandarlas.

Tal aserto, sin embargo, no significa que, durante dicho lapso, algunos grupos insurrectos  no libraran acciones más comprometidas, de ataques y asaltos, los cuales tuvieron un gran efecto, no solo de necesario aliento al espíritu general de rebeldía, sino también como actos significativos de provisión de armas y pertrechos de guerra; algo que, a su vez, determinó en el logro de otras victorias, cruciales en el desarrollo ulterior de la guerra, como fue el caso de Arroyo Hondo, el combate con el que las fuerzas del mayor general José Maceo salvaron a los recién desembarcados en Playita de Cajobabo

viernes, 24 de febrero de 2017

Una actualizada visión del 24 de Febrero




El incumplimiento de esenciales términos del Pacto del Zanjón, la escandalosa corrupción administrativa y las tributaciones onerosas e injustificables; la crisis económica, con la caída de los precios del azúcar –por primera vez a menos de  dos centavos la libra -; la liquidación de los presupuestos con grandes déficits, el acaparamiento de los cargos públicos; el ejercicio de sutiles, pero inequívocas limitaciones a la libertad de expresión; así como también las asiduas represalias aplicadas contra quienes intentaron ejercerla plenamente; la educación mínima y atrasada, el incremento de la criminalidad y por todo ello, la cabal diferenciación de nacionalidad entre isleños y peninsulares, entre cubanos y españoles, fueron razones suficientes para que otra conflagración independentista estallara en Cuba, quince años después del fracaso de La Guerra Chiquita, en 1880. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

José Marcelino Maceo Grajales en tres tiempos (Final)



José ante el enemigo y la hostilidad de los propios



No hubo vida tranquila para el general José Marcelino Maceo Grajales; ni en los días de rudas labores agrícolas y fechas rumbosas de su primera juventud, ni, menos aún, desde que debutó como revolucionario en septiembre-octubre de 1868…
No la hubo, tampoco, tras su segunda y definitiva fuga de la prisión del Castillo de Mola (o de la Mola) hacia Tánger (Argelia), el 22 de octubre de 1884, que lo llevó a Francia y, en noviembre de ese propio año, a los Estados Unidos, donde su hermano, el general Antonio Maceo Grajales, y el general Máximo Gómez, como figura principal del movimiento, pocos días atrás, fundaron en Key West la secreta Convención Cubana, a fin de promover el apoyo a su proyecto revolucionario, y, luego, desde Nueva York, dieron curso a lo que, en el ámbito de la emigración anticolonial cubana, se denominó Plan Gómez-Maceo.
Fue directo: de la prisión extremadamente dura en España, a la conspiración por la libertad de Cuba, tan pronto pisó la llamada Gran Manzana, en noviembre del mismo año 84, como si fuera el llamado del destino.

sábado, 17 de septiembre de 2016

José Marcelino Maceo Grajales en tres tiempos (II)



El jefe más exitoso de la Guerra Chiquita


La Guerra Chiquita fue la ocasión y el escenario propicios para que José Maceo diera nuevas muestras de su gran talento, lo mismo para las acciones bélicas en condiciones difíciles ante el enemigo, que como un político emergente y cauto ante situaciones complejas del patriotismo cubano.
Casi 14 meses después de haberse acogido a la paz trabajada tanto por el ingenio estratégico del general Arsenio Martínez Campos, como por la incomprensión y la consecuente indiferencia de los cubanos de la Isla y de la emigración; en fin, a poco más de un año de haber salido del bando rebelde, José Maceo y otros miles de patriotas criollos volvieron a la manigua redentora para intentar, otra vez, el logro de la independencia, de la definitiva abolición de la esclavitud y de la libertad para todo el pueblo de Cuba.
En el ocaso del 26 de agosto de 1879, apenas horas después de sostener una reunión con las altas autoridades coloniales en Santiago de Cuba, en que, más que inquirirles sobre su compromiso con la conspiración insurreccional, se les insinuaba descubierta su activa participación en ella, el coronel José –a despecho de la detención anterior de importantes involucrados y de los titubeos en ese día del general Guillermón Moncada- dio  por cumplida la palabra empeñada a su hermano y jefe, el mayor general Antonio Maceo Grajales, de levantarse en armas y no dejarse coger prisionero inactivo...

viernes, 26 de agosto de 2016

La Guerra Chiquita o la revolución abortada



Cuando, entre finales de mayo y parte del mes de junio de 1878, las legiones mambisas protestantes en Baraguá, se vieron forzadas a deponer las armas -tras muchas e infructuosas gestiones para recibir ayuda del exterior y de las ciudades de la Isla- y avalaron esa actitud con el respectivo acuerdo entre el Gobierno Provisional de la República de Cuba en Armas y el general en jefe del ejército español, Arsenio Martínez Campos, de hecho se cerró un extraordinario capítulo de nuestra historia, pero, de modo tal, que se abría el prólogo de otro conflicto bélico hispano-cubano…