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martes, 27 de febrero de 2018

La Guerra Chiquita o la revolución abortada

La Guerra Chiquita o la revolución abortada


Cuando, entre finales de mayo y parte del mes de junio de 1878, las legiones mambisas protestantes en Baraguá, se vieron forzadas a deponer las armas -tras muchas e infructuosas gestiones para recibir ayuda del exterior y de las ciudades de la Isla- y avalaron esa actitud con el respectivo acuerdo entre el Gobierno Provisional de la República de Cuba en Armas y el general en jefe del ejército español, Arsenio Martínez Campos, de hecho se cerró un extraordinario capítulo de nuestra historia, pero, de modo tal, que se abría el prólogo de otro conflicto bélico hispano-cubano…

domingo, 4 de febrero de 2018

De la febril actividad martiana en el Comité Revolucionario de Nueva York



Una nota de homenaje en el 165 aniversario del natalicio de José Martí
David Mourlot Matos y Joel Mourlot Mercaderes
Un capítulo casi desconocido en la vida de nuestro Héroe Nacional
 

Corrían los días finales del mes de marzo de 1880, y el presidente del Comité Revolucionario de Nueva York, general Calixto García y un grupo de seguidores habían salido de esta ciudad con rumbo a Jamaica, antesala de su previsto desembarco en Cuba. José Fernández Lamadrid, sustituto del general en el liderazgo del comité, no pudo asumir el cargo por hallarse enfermo.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Breve tributo a los 8 estudiantes de Medicina fusilados por los españoles



Aquel execrable hecho en palabras de Céspedes, Martí y en Maceo

Mariana Grajales Cuello



Una genuina heroína de la retaguardia
mambisa, de la insurrección cubana


Tres o cuatro años después de iniciada la Revolución del 68, eran mínimas –por no decir que prácticamente no había- las familias de importantes jefes insurrectos en la manigua cubana.
Es parte terrible de nuestra historia: unas perecieron enteras de hambre y enfermedades como el cólera morbo, y, sobre todo, a manos de salvajes oficiales españoles y de guerrilleros criollos al servicio del régimen, que las masacraron con inenarrable sevicia. No pocas –es verdad- tuvieron menor mal, al caer prisioneras de jefes enemigos que, malos tratos aparte, les respetaron la vida. Las más, se presentaron al adversario en los pueblos y ciudades, al no poder soportar el hambre continua, los desafíos cotidianos de la exigentísima vida en el monte rebelde, por la desesperanza y por no encontrar provecho alguno a su permanencia en ese medio que, con frecuencia, solía parecer un infierno.

viernes, 6 de octubre de 2017

Un grito de libertad hondamente trabajoso



Son múltiples las causas que movieron a gran parte de los cubanos, al menos, a partir del trienio 1865-1867, a separar la Isla de la soberanía española.
Muchos, sin embargo, vieron posible dilatar por gran tiempo aquella resolución definitiva, si la Junta de Información –solicitada por miles de firmas de propietarios criollos- y convocada para celebrarse en Madrid desde de diciembre de 1866, daba la luz necesaria al gobierno metropolitano español para acometer los remedios requeridos, y así solventar los males económicos, políticos y sociales por los que atravesaba la Isla con amenaza cierta de un agravamiento progresivo.
Aquel crucial evento, en efecto, resumía las grandes esperanzas de amplios sectores del país de poder enrumbar por buenos cauces la vida de la Isla, incluso aún bajo el pabellón de España, la fe de transitar el camino pacífico de la evolución…