El incumplimiento de esenciales términos del
Pacto del Zanjón, la escandalosa corrupción administrativa y las tributaciones
onerosas e injustificables; la crisis económica, con la caída de los precios
del azúcar –por primera vez a menos de
dos centavos la libra -; la liquidación de los presupuestos con grandes
déficits, el acaparamiento de los cargos públicos; el ejercicio de sutiles,
pero inequívocas limitaciones a la libertad de expresión; así como también las asiduas
represalias aplicadas contra quienes intentaron ejercerla plenamente; la
educación mínima y atrasada, el incremento de la criminalidad y por todo ello,
la cabal diferenciación de nacionalidad entre isleños y peninsulares, entre
cubanos y españoles, fueron razones suficientes para que otra conflagración
independentista estallara en Cuba, quince años después del fracaso de La Guerra
Chiquita, en 1880.
viernes, 24 de febrero de 2017
domingo, 20 de noviembre de 2016
José Marcelino Maceo Grajales en tres tiempos (Final)
José ante el enemigo y la hostilidad de los
propios
No hubo vida tranquila para el general José
Marcelino Maceo Grajales; ni en los días de rudas labores agrícolas y fechas
rumbosas de su primera juventud, ni, menos aún, desde que debutó como revolucionario
en septiembre-octubre de 1868…
No la hubo, tampoco, tras su segunda y definitiva
fuga de la prisión del Castillo de Mola (o de la Mola) hacia Tánger (Argelia),
el 22 de octubre de 1884, que lo llevó a Francia y, en noviembre de ese propio
año, a los Estados Unidos, donde su hermano, el general Antonio Maceo Grajales,
y el general Máximo Gómez, como figura principal del movimiento, pocos días
atrás, fundaron en Key West la secreta Convención Cubana, a fin de promover el
apoyo a su proyecto revolucionario, y, luego, desde Nueva York, dieron curso a
lo que, en el ámbito de la emigración anticolonial cubana, se denominó Plan
Gómez-Maceo.
Fue directo:
de la prisión extremadamente dura en España, a la conspiración por la libertad
de Cuba, tan pronto pisó la llamada Gran Manzana, en noviembre del mismo año
84, como si fuera el llamado del destino.
sábado, 17 de septiembre de 2016
José Marcelino Maceo Grajales en tres tiempos (II)
El jefe
más exitoso de la Guerra Chiquita
La Guerra Chiquita fue la ocasión y el escenario
propicios para que José Maceo diera nuevas muestras de su gran talento, lo
mismo para las acciones bélicas en condiciones difíciles ante el enemigo, que
como un político emergente y cauto ante situaciones complejas del patriotismo cubano.
Casi 14 meses después de haberse acogido a la paz
trabajada tanto por el ingenio estratégico del general Arsenio Martínez Campos,
como por la incomprensión y la consecuente indiferencia de los cubanos de la
Isla y de la emigración; en fin, a
poco más de un año de haber salido del bando rebelde, José Maceo y otros miles
de patriotas criollos volvieron a la manigua redentora para intentar, otra vez,
el logro de la independencia, de la definitiva abolición de la esclavitud y de
la libertad para todo el pueblo de Cuba.
En el ocaso del 26 de agosto de 1879, apenas horas
después de sostener una reunión con las altas autoridades coloniales en
Santiago de Cuba, en que, más que inquirirles sobre su compromiso con la
conspiración insurreccional, se les insinuaba descubierta su activa participación en ella,
el coronel José –a despecho de la detención anterior de importantes
involucrados y de los titubeos en ese día del general Guillermón Moncada-
dio por cumplida la palabra empeñada a
su hermano y jefe, el mayor general Antonio Maceo Grajales, de levantarse en
armas y no dejarse coger prisionero inactivo...
martes, 12 de julio de 2016
José Marcelino Maceo Grajales en 3 tiempos (I)
La “imposibilidad” de su muerte
La manigua mambisa se pobló de duda, de incredulidad: “No, no podía ser verdad, no podía ser cierta la caída de aquel hombre…”
Y por más exagerado que parezca aquel pensamiento dubitativo, fue algo rigurosamente real y extendido en el campo insurrecto. Un suceso tan infausto como natural como es la muerte en cualquier conflicto bélico intenso; muy previsible en una persona tan temeraria como el general José Maceo Grajales, venía a ser como un imposible para sus compañeros de armas, especialmente para aquellos que combatieron junto a él desde la Guerra Grande y vivieron o se contaron sus hazañas…
¿Qué justificaba aquella incertidumbre multiplicada?, ¿en qué se fundó tamaña perplejidad mambisa?
Responder tales interrogantes implicaría un amplio ensayo biográfico, que no puede caber en un espacio como este. Pero, he aquí un intento de resumida contestación…
martes, 15 de marzo de 2016
Baraguá: La urdimbre de una protesta y el debut de un estadista
Admitamos esta aseveración tan inobjetable como dolorosa:
la Revolución del 68 jamás pudo superar las diferencias internas con las que
nació. Por el contrario, tales divergencias fueron el abono perfecto que halló
la exitosa estrategia española de pacificación, que trajo al panorama
insurreccional cubano el colmo de sus contradicciones: el Pacto del Zanjón y la
Protesta de Baraguá…
Es decir: por un lado, quienes, desde el Camagüey y Las
Villas –salvo pocas excepciones- arriaban las banderas de la independencia, de
la abolición de la esclavitud y de la libertad, a cambio del “perdón”, de una
compensación monetaria, la compra de sus medios de guerra, la devolución de sus
bienes embargados y exoneración de impuestos por reasumir la explotación de sus
tierras. Por el otro, los orientales, que juzgaron infame ese trato, no solo por
haberse hecho a espaldas suyas, sino porque daba al traste con aquella justa y
heroica gesta del pueblo cubano, sin obtener por ello nada sustancial para la
causa ni para el país.
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